Roma, la Ciudad Eterna

Esta es mi segunda vez en la capital italiana, ciudad que ocupa un lugar central de la historia, y en el mundo moderno, Roma es en donde se funden el pasado, el presente y el porvenir combinando historia, actualidad, belleza y magnificencia.

Llegué nuevamente de noche a Roma, pero pudiendo casi caminar con los ojos cerrados hacia el hostel “The Yellow” de tanto que había visto Google Maps antes de ir.

Términi es la estación de tren central de Roma y quizá uno de los puntos, al igual que durante el resto del viaje, que es aconsejable tomar algunas precauciones cuando se las transita. Uno no dice que pase nada, pero siempre es mejor estar prevenido. Son lugares donde abundan los turistas, los bolsos y… en fin, sólo precaución.

Llegué al hostel a unas cuatro cuadras de la estación, hice mi check-in y, a pesar de que tenía pensado ir a ver la Fontana Di Trevi a la noche, mi cansancio resultó triunfal cual Rómulo, por lo que tome una ducha y decidí dormir.

Roma tiene dos líneas de subtes, la A y la B (estan construyendo una tercera), cuestión simple y directa que conecta, entre otras tantas estaciones, los principales puntos de interés, permitiendo hacer combinación de ambos por debajo de Términi, la estación de trenes.

Al otro día, previo café y algo similar a un muffin, que a esta altura era una delicia, me encaminé a visitar el Vaticano. Claramente éste es un punto de sumo interés por mi religión y que, más allá de eso, creo que todo el mundo ha de visitar. Sumado a que el Papa actual es argentino y ya por esto, uno busca presenciar algún acto donde esté él.

Dada la lejanía desde mi hostel, decidí tomar el subte desde la estación Términi hasta la estación Ottaviano, que deja a los turistas a unas tres cuadras aproximadamente de la famosísima plaza de San Pedro. Es quizá indescriptible la sensación de estar frente a la arquitectura que en tantas ocasiones se ha visto por televisión, en los periódicos y que recubre tanta historia y ha marcado, de forma totalmente trascendente, la vida tanto para roma como para el mundo entero.

Cada una de sus columnas, las formas geométricas, los detalles en su arquitectura por fuera, la gran Vía della Conciliazione que da paso a la plaza, todo conforma el marco ideal para que sea un lugar único y digno de ocupar parte del viaje.

Las filas para el ingreso no eran muchas ni largas, la visita si se comienza a primeras horas de la mañana puede hacerse sin demoras dado que la mayor cantidad de gente concurre en horas del medio día y ya entrada la tarde.

Se ingresa inicialmente por la Basílica de San Pedro admirando su imponente interior, que al sólo poner un pie me deja pasmado con su majestuosidad, al compás de las primeras luces del sol mostrándose por los ventanales superiores adornados por suntuosas esculturas doradas, iluminando cada una de las pinturas y esculturas interiores, en donde pueden verse entre otras cosas las inscripciones en latín, las insignias de los máximos pontífices anteriores, la inmejorable cúpula y las inmensas pinturas. No existe en toda la Basílica lugar sin moldura o adorno.

Siguiendo y luego de visitar las diversas partes, ingresé a visualizar donde se encuentran las tumbas de los Papas, donde no permiten tomar fotos. Al salir, me encaminé para la fila que sube a la cúpula, a esa cúpula que desde abajo y en su interior se veía tan alta y magnífica, hay que subir mediante escaleras por un precio de 5 euros o un ascensor a un precio de 7 euros. A esta altura, el ascensor por una pequeña suma extra, es una ventaja para poder aprovechar aún más del tiempo y las energías. Pero uno no sube hasta la parte máxima directamente en el ascensor, no señor, si alguno se había ilusionado que resultara tan fácil lamento decepcionarlo, uno sube hasta un punto intermedio y luego debe continuar haciéndolo mediante escaleras. Pero éstas tienen una particularidad y es que se sube de a una única persona, en fila, tienen un único sentido y cada vez se van empinando tanto para arriba como para el costado. Incluso llega a haber una parte donde uno tiene que subir agarrándose de una soga. Pero todo ese trayecto vale la pena porque al llegar a la cima se ve una magnífica imagen de la ciudad, la plaza y de los jardines del Vaticano.

Al bajar, se lo hace más fácilmente y se demora menor tiempo.

Me dirigí al terminar la visita a los Museos del Vaticano, a unas tres cuadras, bordeando los inmensos muros vaticanos. Aquí uno puede ver las decoraciones y esculturas por doquier que tiene el Vaticano hace miles de años, pero la atracción que sin dudas se lleva la mayor parte de la visita luego de visitar una innumerable cantidad de salas antepuestas en el recorrido, es la Capilla Sixtina. Allí uno comprende lo que realmente llevó pintar aquellos muros y techos, con la precisión y naturalidad y el talento que lo hicieron.

Al salir de ahí emprendí el recorrido de vuelta al hostel pasando inicialmente por el exterior del castillo Sant’ Angelo con su majestuosa fachada y tamaño a orillas del río, luego me topé por casualidad con la Plaza Navona, que tiene una historia muy particular como todas las plazas de Roma. En ella se pueden observar un obelisco y grandes fuentes, mientras se llena de turistas que descansan y compran en el mercado que se arma alrededor.

A unas tres cuadras me topé con el Panteón, uno de los pocos edificios que quedan en pie y que su interior es único, todo cilíndrico y, como no puede ser la excepción, con una cúpula digna de admirar. A veces suelen hacerse algunos eventos de gobierno allí donde permanece cerrado para los visitantes y abierto para los residentes.

Siguiendo, en mi camino y tras unos minutos de búsqueda, escuché ruido a agua. Inmediatamente giré mi cabeza y pude observar como aparecía ante mí la tan famosísima Fontana Di Trevi que, a pesar de verla de día y sin las luces de la noche, es imposible negar su belleza. Tomadas las fotos y tiradas las monedas, me senté a pocos metros a degustar un café mientras la contemplaba junto a los turistas que al llegar se sorprendían tanto como yo. Si pueden hacerlo, tómense unos minutos para ver las reacciones de la gente al llegar al lugar.

Ya de regreso, ví al gran monumento a Vittorio Emanuelle, quien logró erigir un monumento grandioso. Algunos no tienen una opinión tan favorable porque dicen que se parece a una máquina de escribir y otras tantas cosas, pero la realidad es que, de no ser por haberlo construido sobre las ruinas de la antigua Roma, sería sin duda una gran obra.

Y ya robándole unos minutos al atardecer, caminé por la Via del Fori Imperiali, donde se observan las ruinas y de fondo, casi a modo de premio, el gran y más conocido símbolo romano: El Coliseo.

Dada la hora, ya no había posibilidad de ingresar a verlo pero tome algunas fotos y me volví al hostel. Es aquí cuando descubrí a un gran compañero de viaje, Lucho, quien casualmente es Argentino y estaba parando dos días allí. Casi de manera inevitable, surgió la idea de salir a disfrutar un poco de la noche y tomamos algunas cervezas en el bar que se encuentra bajo el hostel, donde siempre hay promociones, gente, un poco de música y beer pong. Se los recomiendo si están por allá.

En mi segundo día, aproveché a visitar desde temprano el gran Coliseo. Realmente hay una fila larga que desanima a toda persona que quiera ingresar y aún así, uno se perdería muchas cosas si no lo hiciera con una persona que realmente sabe del Coliseo. Es por esto que, en las afueras se encuentran muchas guías, de las cuales sugiero tomar si es posible alguna. Brindan una excelente descripción y hacen que uno pase rápido el ingreso y las interminables filas.

La entrada para el Coliseo incluye también la entrada al Palatino, y si contratan el guía, también lo tendrán allí, ya que está a pocos metros del Coliseo y se hace seguidamente.

Decir que el Coliseo es una estructura imponente e increíble para la época en que se construyó, el uso que se le dio y las historias que por él han pasado, créanme que es quedarse muy corto.

Es inevitable imaginarse el desarrollo de cada una de las historias mientras a uno le relatan los acontecimientos, quienes concurrían, el propósito de su construcción, sus modificaciones, las peleas eternas de poder, asesinatos y hasta llegar a la actualidad, donde se le sigue dando uso en el Vía Crucis.

De regreso, terminé cenando como tantas otras veces al paso una pizza en una de las tantas pizzerías romanas que venden porciones de tantísimas e ingeniosas pizzas. ¡Hasta de papas fritas existe!. Una delicia para los amantes de la pizza como yo.

En mi último día, uno no puede considerarse un ciudadano romano, claro está, pero ya se siente como si fuera su propia ciudad. Conoce uno donde desayunar, por donde ir, que lugares son mas amigables y cuáles no. En mi caso me despedí de Lucho y acudí a la audiencia Papal que tiene lugar todos los días Miércoles en la Plaza de San Pedro. Me había levantado mucho más temprano que el resto de los días del viaje dado que me habían comunicado que concurría mucha gente y para lograr tener un buen lugar, debía ir con tiempo. De esta forma me encaminé y al llegar observé que.. ¡estaba llenísimo!.  Es emocionante ver la devoción que la multitud tiene hacia el Papa. De todas formas pude lograr un buen lugar y ver pasar de cerca al Papa Francisco, aunque las personas realmente se amontonan e intentan acercarse lo más posible generando algunos apretujones. Igualmente es un evento recomendable e imperdible si están en ese día en Roma. Aprovechando mi último día en la ciudad y, acostumbrado como he hecho en otros lugares, decidí transitar por las calles y perderme un poco por la Roma no comercial, aquella que los Romanos sólos, y quizá un minúsculo puñado de turistas, conocen.

Y para terminar, recorrí la Plaza del Pópolo y pasé por la tan característica Plaza España, donde se han filmado películas y tiene una arquitectura particular.

De regreso y por estar cansado, me tomé el subte hasta el hostel y cené la clásica e infalible pizza con cerveza para terminar mi estadía en la gran capital. Si les gusta la pizza y cerveza, en Roma van a ser felices.

A la mañana siguiente abandonaría el hostel temprano ya que partiría hacia Barcelona a encontrarme con mis amigos en un vuelo de la empresa Vueling, saliendo del aeropuerto de Fiumicino. Les recomiendo para este tipo de vuelos a la empresa dado que es principalmente económica y cumple en todo. La única contra, suele salir a primera hora (7 am) y es dificultoso conseguir un transporte desde la capital hasta el aeropuerto. Tomen sus precauciones, hay aproximadamente 1 hora de viaje hasta Fiumicino.

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