Una maravilla mundial a la vuelta del obelisco

A dos horas de los bocinazos, la marea de gente y los subtes abarrotados de nuestra querida Buenos Aires, se encuentra uno de los espectáculos más imponentes de nuestro país: las cataratas del Iguazú. 

 

Por Manu Guija

 

La escapada perfecta para un fin de semana largo. Tres o cuatro días de desconexión absoluta, escondidos en medio de la selva y disfrutando de este regalo de la naturaleza. Y en Argentina!

 

La aventura arranca con un buen madrugón -para llegar temprano y evitar las filas eternas- hacia el Parque Nacional.  Una vez adentro, a caminar en busca del premio mayor: la famosa garganta del diablo. A medida que vamos recorriendo los senderos, con puentes de madera y piedra que cruzan el verde de la selva, y con algún que otro coati haciéndose amigo por un rato, comienza a escucharse el sonido más esperado.

 

Una seguidilla de saltos ofician como antesala perfecta para que nos derrumbe el ruido ensordecedor de toneladas de agua cayendo impetuosamente. Ahí aparece el monstruo: el show má grande del litoral argentino. Una de las nuevas 7 maravillas naturales del mundo.

 

 

Me detengo un segundo acá: ¿Por qué maravilla del mundo? Fue en el año 2011 que más de mil millones de personas (Sí, mil! Un sexto de la población mundial) votaron a través de la nube cuáles consideraban que merecían estar dentro del ranking. Así se alzaron, dejando afuera al Gran Canyon, entre otros; nuestras cataratas.

 

El bombardeo de selfies en los miradores más concurridos del Parque es otro espectáculo; uno millenial en este caso. Pero ojo, no tan grande como para opacar el estruendo de la garganta.



Ahora si, vista la panorámica desde arriba, es hora de comenzar la hazaña desde adentro: la travesía en el gomón.

 

 

 

La primera vez que me subí a ese bote tenía diez años; había viajado con mis abuelos y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Fue de las mejores experiencias de mi vida. Hoy, dieciséis años después, tenía miedo de que esa emoción desapareciera. Pero no: la magia sigue intacta.

 

Con el chaleco y el pilotin encima, nos subimos y empezó lo bueno. El bote enfila directo hasta llegar casi abajo de uno de los saltos, donde millones de litros de agua rompen violenta y estruendosamente, y, por un instante, pareciera que nos vamos a estrellar contra ese universo líquido; pero no, un segundo antes, el conductor pega un volantazo. Empapados, pegamos la vuelta navegando en la correntada y rebotando sobre las olas.

 

En las cataratas hay dos garantías aseguradas: las zapatillas teñidas por la tierra roja y un espectáculo sensorial inolvidable.

 

IMPRESCINDIBLE: La travesía del gomón en el Parque Nacional Iguazu. Hay dos posibilidades: 1h 45 min ($900 p/p) o la corta, de 15 minutos ($500 p/p). Eso si, lleven otra ropa porque van a salir completamente empapados. Dato: prestan bolsos impermeables para proteger tus cosas del agua.

 

HACELO REALIDAD:

Andes inauguró en julio una ruta diaria saliendo desde BsAs a las 12 del mediodía. Hay vuelos a partir de $2081. (Sin despacho de equipaje)

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