Iran, sobre las huellas de un pasado glorioso y un presente sagrado.

Los Persas fueron una civilización poderosa y avanzada y dejaron joyas como Persépolis, Parsagarde, Susa o Nak el Rustam.

Más tarde, también pasaron por estas tierras los kurdos, los mongoles y los árabes, dejando ciudades tan maravillosas como Isfahan, Yazd, Shiraz, Mashad, Bam o Kerman.

 A pesar de esta mezcla no existe un país en la zona con un sentimiento nacional tan profundo como Irán, se consideran arios descendientes de los Persas, son el centro del Chiísmo y se consideran más próximos a los turcos y a los alemanes que a los árabes.

 Esta introducción es para resumir los motivos que me llevaron a viajar a Irán, un destino lleno de preguntas, lleno de prejuicios, lo que no lo hace menos maravilloso.

acaso estás loco? Que vas a buscar en ese país?.. fueron algunas de las preguntas que recibí cuando anuncie mi ansiado viaje.

Llego el momento de subir al avión y despegar a una tierra llena de misterios.

Estando a punto de aterrizar ya las azafatas cambiaban sus vestimentas y cubrían sus rostros, estábamos acercándonos al lugar y las reglas cambiaban.
Teherán es una ciudad moderna, situada en el norte del país, un poco gris pero con las miradas más profundas que alguna vez pude ver-

visitamos un mercado pero enseguida nos desplazamos hacia el sur, las primeras impresiones eran la de un país moderno con gente muy joven y con una participación de las mujeres en la sociedad más alto de lo que cabía esperar.
En el sur de Irán el primer destino fue Shiraz, es un lugar de obligado paso, sus jardines son de una belleza inigualable.

 Llegamos por la noche y coincidió con celebraciones del Asura, fuimos a la mezquita de Atiq que estaba llena de fieles y presenciamos una procesión del asura, con hombres latigándose, fue un experiencia, aunque a pesar de los prejuicios que nos provoca el Islam en Occidente no me pareció muy distinto de nuestra semana santa sevillana o zamorana.

 

            A la mañana siguiente pude descubrir porque se llama la ciudad de los jardines y las flores, todo está repleto de jardines y flores  incluso los  monumentos también cuentan con pequeños jardines.

 La ciudad es francamente bonita, aunque no te puedes quedar mucho porque cerca te esperan las ruinas de una de las ciudades más grandes de la antigüedad, Persépolis. Persépolis, ciudad construida por Darío I alrededor de 500 años a.c. y ampliada por Jerges y Astragerges, sucumbió destruida y quemada por las tropas de Alejandro Magno 200 años después.

 sus ruinas se encuentran en un estupendo grado de conservación y te sientes en medio del imperio persa dentro de ellas, son un monumento de los que dejan huella.


También fuimos a ver lo poco que queda de la antigua capital persa de Parsagarde y las tumbas escavadas en la montaña en Nak el Rustam.

 

 Nuestra siguiente parada y merecía la pena hacerla tranquilamente era Yazd, Nos tomamos nuestro tiempo en visitar la ciudad y sus mezquitas y nos dejó un gran sabor de boca.

Tras una parada en el curioso pueblo de Naim, donde departimos con algunos lugareños, llegamos al punto fuerte del viaje, al motivo junto con Persépolis del mismo, a Isfahan.

 Puedo asegurar que Isfahan es una de las ciudades más bellas del planeta, su privilegiado clima, sus palacios, sus calles, sus jardines, los puentes sobre el río Zayadeh, pero no sólo eso, el ambiente es excepcional, las familias toman el té en los jardines y en el verde adyacente al río, así como en las acogedoras teterías, donde se pelean por invitarte y a
En Isfahan tuvimos mucho contacto con la gente, en general gente joven con ganas de apertura, bien formada y que deseaba saber como veíamos su país desde Occidente, fue agradable, se notaba la ilusión por el cambio de todos ellos.

Aveces siento que la información que nos transmiten está altamente contaminada por prejuicios por historias mal contadas..

Sólo pido una cosa, que nadie destruya jamás este hermoso lugar. Después de unos días en Isfahan la verdad es que lo demás parece peor de lo que es y esa impresión me llevé de nuestro siguiente enclave, Kashan, aunque seguro que no le hago justicia.

Quedaba una interesante experiencia, la visita a Qom. Este lugar es sagrado para el chiísmo, los mejores monumentos en principio están prohibidos para el occidental y es una ciudad plagada de escuelas de estudios coránicos y cientos de mulás y algunos ayatolás, imparten sus clases en las diversas madrasas, este panorama desaconsejaba nuestra visita, sin embargo queríamos ver el islamismo chiíta desde dentro y nos propusimos entrar en la mezquita de Qom. Estuvimos algunos días sin afeitarnos y nos compramos camisas y pantalones oscuros en tiendas iraníes y nos pusimos manos a la obra. Entramos en la mezquita, mi amigo y yo por separado, deambulábamos de un lugar a otro observando.

La mezquita era de unas proporciones faraónicas y era además de mezquita madrasa, en ella, de forma más acentuada que en otras mezquitas, había distintos ambientes.

Por un lado había imanes impartiendo clase, gente rezando de manera moderada en otros lugares, otros charlaban de manera distendida en otros y cientos de personas paseaban de un lugar a otro, también por supuesto en el lugar de la mezquita destinado a las reliquias de Fátima la hermana del octavo imán (eso me contaron), había gente empujándose y fustigándose contra la pared.

Es decir pudimos captar lo que queríamos, fue una gran experiencia.

Sólo nos quedaba volver a Teherán, dar una vuelta por la ciudad y probar el exquisito caviar del Caspio, que realmente hace honor a su fama para luego  volver a casa.

 Irán valió la alegría de estar ahí.

 volveré.

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