Hanoi, la cara roja de Vietnam

“Vivo en Hanoi desde hace más de tres décadas y todos tienen por lo menos una moto. Es la mejor forma de moverse, y prácticamente, la única posible. Comprarse un auto es algo de ricos” dice Suong, una joven mujer vietnamita salida absolutamente del estándar oriental: es alta y porta profundos ojos azules.

 

No sé si será de ricos, pero el ruido de los motores es la sinfonía característica del lugar. La capital está inundada de motos. Literalmente. En una ciudad de 6 millones de habitantes, hay mas de 5 millones de scooters. Y no hay semáforo que valga; por lo que cruzar la calle es una verdadera hazaña y es muy probable quedar atrapado en medio del asfalto. ¿La clave para sobrevivir? Permanecer inmóvil y confiar: ellos se encargaran de esquivarte.

 

Así, caminar por la segunda urbe más poblada de Vietnam puede significar toda una aventura. Una aventura ruidosa; por cierto. Aquí, el silencio y la armonía solo puede encontrarse en el temple de su gente. Las calles de Hanoi son la radiografia mas íntima y sincera de su sociedad.

 

Están colmadas de árboles y boulevards, jardines, bares y puestitos de comida al paso en cada esquina; pero sobre todo, de monumentos a Lenin y a Ho Chi Minh. El socialismo impregna el aire en cada rincon de la ciudad. En la plaza principal, como si hubiese sido calcada a la plaza roja de Moscú, con el parlamento y el mausoleo enfrentados y las banderas sovieticas custodiando la entrada, varios pares de guardias rigidos e impolutos vigilan el imponente mastodonte gris en el que descansan los restos de Ho Chi Minh.

 

 

“Una vez por semana vamos a ver al “Tio Ho”. Todo vietnamita que ame a su patria tiene que hacerlo aunque haya que madrugar y esperar algunas horas”

 

Suong no exagera. Cualquier día de la semana, miles de personas hacen filas interminables al rayo del sol. Aún con cuarenta grados a la sombra, hay que respetar el código de vestimenta asiático: nada de andar mostrando las rodillas ni los hombros. Tiranía para todos y todas. Después de una larga espera, el ingreso y el alivio del aire acondicionado. Eso sí, breve; porque la visita es fugaz. No dura más de treinta segundos. Está terminantemente prohibido detenerse a observar el cuerpo; hay que caminar constantemente relojeando de costado, y claro; no se pueden sacar fotos. Pero no importa, la gente va a ver a su líder embalsamado envuelto en un cofre. En realidad, al cuerpo que presumimos suyo. Hay un mito popular que dice que es falso, de cera, y que solo sacan al original una vez al año, el dia de la revolución, el diá en que “ganaron la guerra”.

 

 

En Hanoi la identidad roja se conserva intacta: un pueblo que sigue escapándole a las garras de la occidentalización; que intenta diferenciarse lo más posible de los rascacielos interminables, de la modernidad y del consumismo de Saigon. Vietnam del norte fue, y sigue siendo, la antinomia del sur.

 

“Alguien que vive en Saigon, jamás podriá adaptarse a Hanoi (y viceversa). Somos como dos países distintos. Imaginate: ellos comen perros y serpientes.Creen que les da más virilidad”, agrega entre risas Hue, una amiga sureña de Suong que está de visita unos días.

 

Quedé atónito igual que ustedes. Ella, avergonzada, agachó la cabeza cubriéndose la cara con ambas manos.

 

Pero la anécdota no terminó ahí, porque la amiga remató: “los secuestran de las casas y si no pagas un rescate –de cientos de dolares- van directo a los restaurantes.”

 

 

HACELO REALIDAD

CÓMO LLEGAR: Qatar ofrece varios vuelos por semana desde Buenos Aires con dos escalas (Doha y Bangkok). (Desde 1504 US$; qatarairways.com/ar) Es importante recordar que para este viaje es necesario contar con visa. (Se puede tramitar en la Embajada (1 de Septiembre, CABA), o por internet y retirar en la llegada al país (sólo arribando vía aérea;  Vietnam-visa.es)

INFORMACIÓN: La moneda nacional es el Dong vientamita y un dolar estadounidense equivale a 22.000 dongs aproximadamente.

IMPERDIBLE: El Mausoleo de Ho Chi Minh está ubicado en la plaza Ba Ðình, a metros del museo y de una de las casas en las que vivió el “Tio Ho”. (La entrada es gratuita y no se permite el ingreso con aparatos electronicos. Horarios:  8 a 11 am (Lunes y Viernes cerrado) Clave: llegar temprano. Las largas filas al rayo del sol no son un buen plan.

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