Dos días en Barcelona

Al llegar a Barcelona uno ya percibe de qué se trata. Una ciudad con estilo, grandes atractivos y una mística especial. Quizá sea una ciudad que por su gente, su cultura y geografía atrae mucho al turista, pero debo decirles que en ella se conjugan numerosos atractivos.

Del aeropuerto partí hacia la ciudad con el Aerobús que cuesta algo así como 6 euros y es una camioneta muy cómoda, donde en combinación con el subte logré llegar al hostel. No es que quedara lejos, pero a esta altura del viaje, uno ya tiende a tomar subte para casi todo. Me hospedé en el Hostel Saint Jordi, que por su precio, calidad, recomendaciones y ubicación, eran excelentes. Quizá el mejor hostel desde mi llegada a Europa.

En él tenía una habitación para mí sólo por un precio similar al que había pagado compartidas en otros hostels. Ediliciamente se encuentra muy bien, el personal es realmente destacable y muy atento siempre que se lo necesita. Ofrecen también varios servicios y algunos eventos como Bar Crawl partiendo del hostel mismo. Ni bien dejé las cosas en el hostel, me fui a recorrer la ciudad.

Primero que nada, me fui a pasear por el mítico Park Güell. Realmente es increíble la obra que ha diseñado Gaudí y como ha dado un toque mas que especial no sólo al parque, compuesto por su casa y tantas escalinatas y jardines, sino que a Barcelona en general. Barcelona es escencialmente Gaudí. Su obra se encuentra presente en gran parte y es fácilmente reconocible a los ojos, incluso de un transeúnte sin conocimiento artístico como quien les habla.

Subir a la cima del parque no es nada fácil, pero existen incluso escaleras mecánicas que hacen el trabajo por uno, aunque claro, hay tramos en que no es posible. La vista desde la cima es asombrosa y da una idea de la amplitud de la ciudad y se divisan fácilmente, cual pino entre bonsái, los principales íconos arquitectónicos.

La sagrada familia es uno de ellos. Su imponente fachada en construcción desde hace tantos años, irrumpiendo sobre las calles catalanas, demuestra nuevamente la obra de Gaudí y su visión, transformando en otro ícono de Barcelona. Su irrupción en medio del llano se asemeja quizá en proporción a lo que es la torre Eiffel en medio de París.

Siguiendo mi camino por las calles, adornadas entre árboles que parecen brillar más de lo que lo hacen en otras partes del mundo, acompañados por edificios con historia que comparten la actualidad con otros jóvenes, hacen que las calles catalanas tengan un aire especial. Al pasar por la Casa Batló se encontraba en remodelación, por lo que es un punto pendiente para el próximo viaje.  De todas formas, es muy habitual toparse en Europa con monumentos en refacción en temporadas bajas. Un dato a tener en cuenta siempre.

Siguiendo la ruta planeada, atravesé a continuación la Plaza Catalunya en dirección por la rambla, donde se llena de gente y existen numerosos locales, puestos y artesanos que venden sus productos, dándole una atmósfera única. Sin querer queriéndolo, miré para el costado y me topé con La Boquería, el famoso mercado de alimentos que es un espectáculo en si mismo recorrerlo. Se los recomiendo si quieren comprar delicias y sacar unas pintorescas fotos.

Terminé el recorrido al final de la rambla llegando a la costa, donde se aparcan los veleros y está la playa con palmeras y gaviotas revoloteando. Una típica postal sin duda alguna.

Por la noche acudí al Bar Crowl donde nos llevaron por un par de bares a tomar algo en cada uno de ellos, dado que uno paga su propia consumición y ningún cargo extra y por último a un boliche, que están buenos. En este punto quizá, se asemeje mucho a Buenos Aires, aunque claro está, sólo en este punto. Recomendable que lo hagan aunque sea una vez si tienen la posibilidad.

Para irme despidiendo de mi paso fugaz por Barcelona, hice quizá algo por lo cual incluí aquella ciudad en mi itinerario de viaje: visité el templo del fútbol más importante de la actualidad. El estadio del Fútbol Club Barcelona. Compré el boleto en el propio hostel y llegué al estadio, dada su lejanía del hostel, mediante el subte. Para los amantes del fútbol, este es un paseo obligado si se está de visita en la ciudad, en donde se ven todos los trofeos, camisetas, videos y elementos de valor de los futbolistas que han pasado a lo largo de la historia por el club.

Muchos han dejado su huella en el futbol mundial y actualmente, Lionel Messi junto a Neymar son parte del plantel. El tour sigue por dentro del estadio, en las gradas desde donde ve el público el partido, pasando por el césped, los bancos de suplentes, el vestuario, la sala de relatores en la altura y la sala de prensa. Finaliza en la tienda oficial, la cual tiene todos los productos existentes del Barcelona FC. Absolutamente atractivo y por demás recomendable.

Finalizando el día, y como en cada ciudad, me escabullí un poco por sus calles para conocer los puntos no turísticos y cómo un catalán vive sus días, al menos por un rato y en lo observable de la calle.

Al día siguiente y despidiéndome de mis amigos, tomaría el tren de alta velocidad desde la estación de Sants hasta Puerta de Atocha en Madrid.

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