Croacia, sus miradas, sus historias.

Una historia contada en la tele fue la culpable de mi viaje a Croacia-

Indudablemente me impactó y quise evidenciar si el reportaje, realmente, hacía justicia a ese país eslavo de moda desde hace unas décadas.

Ya de vuelta, he de decir que me ha atrapado, quedando en mis ojos fotos  que evidencian lo bello del lugar y su esencia adentrada en mi cuerpo.

Es un país que se ha recuperado rápidamente de una guerra fraternal que ha dejado fracturas importantes, que  con altura y tenacidad  sus habitantes han sabido pasar la  página a una fragmentación impuesta y, tal vez, necesaria.

 Hrvatska, poco a poco, va tapando sus heridas para que podamos disfrutar de sus paisajes, sus costumbres y su historia.

Merece la alegria perderse por sus más de mil islas y deleitarse con sus gentes y su cultura.

 La seguridad (en las playas de Dubrovnik. por poner un ejemplo, los coches permanecen con las ventanillas abiertas para evitar el calor interior) y la limpieza, también son sus señas de identidad.

 Llama la atención su mar turquesa, la altura de sus gentes -los más altos y las más altas de Europa-, la belleza de sus pueblos, que emergen inesperadamente a los lados de la carretera.

Una experiencia única Dubrovnik. Entrar por primera vez por la puerta del Temple y contemplar su calle principal, Stradun o Placa, produce un placer indescriptible.

 Está pavimentada con caliza y tiene una longitud de poco más de 300 metros. He leído, en varias ocasiones, que ese impacto originó lágrimas en las personas que lo vislumbraron y no me extraña nada.

 El síndrome de Sthendal. de nuevo. He de decir también, a modo de introducción, que es un pueblo orgulloso de sí mismo, que defiende sus tradiciones y las muestra con respeto.

Cerca de Zagreb, en pueblecitos próximos a la frontera con Serbia, todavía se aprecian las heridas de los proyectiles en las fachadas de las casas, humildes como sus habitantes.

 Esos daños, algunos recompuestos con escasos medios, te hacen recapacitar sobre lo endeble que es el mundo que habitamos, y en esas extrañas visiones, que te acompañan durante decenas de kilómetros, haces una meditación sobre el ser humano y sobre ti mismo que produce escalofríos.

 Se olvida pronto, pero permanece para siempre, ya que es tan cercano que parece mentira que todo eso que contemplas haya sido parte de una historia que tan solo dista veinte años de nuestros días. 

Tristezas, miradas, tradiciones, religión, reconstrucción son solo algunas cosas que en este momento decido contarles… Pero es claro que

Croacia tiene mucho por ofrecer.

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